Por: Francisco Castillo
Esta mañana la
tierra, nuestro planeta, amaneció vomitando. Harto de tanta porquería que hoy
le estamos metiendo los más de 7200 millones de seres humanos que vivimos en él,
mientras continuamos dentro de la licuadora aberrante del consumismo mundial. Nuestro
planeta ya lleva décadas con este problema de indigestión crónica y cada día
más se acerca el tiempo en que, de espasmo en espasmo, nos expulse a la gran
mayoría en un colapso ambiental sin precedentes desde su nacimiento. Apenas somos
unos recién llegados, la tierra ya cuenta con más de 4.500 millones de años y hace
apenas unos 600 mil que la estamos pisando, o mejor, pisoteando. Aun no permanecemos ni el 4% del tiempo que duraron los dinosaurios dominando el
planeta y me pregunto: ¿qué nos hace pensar que somos intocables?
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Ilustración en http://consumociudadanoc3.blogspot.com/
2010/07/el-consumismo.html |
En el último informe de la ONU sobre cambio climático se manifiesta que
éste es causado en un 95% por la acción humana; los países más
industrializados, los principales contaminantes responsables en gran parte de
este desastre, hoy hablan de terrorismo como el nuevo demonio a exorcizar, obviando
el horror que causan protegiendo las finanzas de los más ricos en cada
continente, con la excusa de mantener estable el sistema económico mundial,
aunque inestable el sistema ecológico planetario. Nos atiborran de información
multisensorial con campañas cada vez más sugestivas y alienantes de consumo
masivo. Eduardo Galeano dice que quienes poseen el mundo lo usan como un artículo
que pronto hay que descartar, que es una mercancía de corta duración, tan corta
como la duración de la gran cantidad de anuncios que la “ametralladora
televisiva” dispara. Entonces Galeano se pregunta: ¿pero a qué otro mundo nos
vamos a mudar? Y me pregunto: ¿Quiénes tienen boleto preferencial para salir primero
hacia un nuevo planeta?
Si hay una postura
ideológica, una corriente de pensamiento totalmente contraria al capitalismo salvaje,
es aquella que promueven los que están convencidos de que pensar en todos es
pensar en sí mismos; que proteger lo que nos queda para todos es resguardar lo
que nos corresponde a cada uno. Un auténtico sentido del individualismo pasado
por el necesario sentido de comunidad. Si somos capaces de cuidar nuestro territorio
para que éste provea lo necesario, de modo que todas las formas de vida se
conserven, se sostengan, seguramente estaremos preservando nuestra propia
existencia. Es claramente la ideología de la no violencia, pero sí de la
resistencia ante un sistema de mercados que cada día enriquece
monetariamente a unos cuantos alrededor del mundo. Aquellos que al controlar
los capitales también esclavizan física y mentalmente millones y millones de
seres humanos con sus armas, sus medios masivos de información y sus transacciones
políticas y electorales... sus mercancías! Hoy son tan poderosos que no queda sino la resistencia
no violenta como alternativa a su hegemonía.
Todavía tenemos la
posibilidad de que las agencias de publicidad no determinen lo que consumimos hora
tras hora. Nos toca pensar en un nuevo orden económico, más azul como el agua y
menos verde como el dólar, que nos ayude a resolver de otra forma lo que
violentamente unos, en realidad muy pocos, han decidido sobre lo que parece ser
la mayor crisis ambiental no natural por la que La Tierra alguna vez atravesó.
Referencias
Bibliográficas:
GALEANO, E. El
imperio del consumo. Montevideo, Uruguay (2005).
WORLDOMETERS. Población mundial, Alimentos.
http://www.worldometers.info/es/